martes 27 de octubre de 2009

"Paradoja de la Inmortalidad buscada"

"Downtown" - Henri Cartier-Bresson - 1947
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Las noches de este tiempo, transcurrido entre los amargos sabores de la nicotina y el alcohol, me inspiran una muerte lenta, una crónica de mi propia inmortalidad sujeta a las estéticas lúgubres de un rojo viscoso y de fuertes sabores, aterciopelado, cercano al azabache.

Me pienso años atrás y me reprimo segundos después... ahora... en este instante. Así es, el infierno ganado es la perpetuidad de un presente inerte que no da pie a los sueños, ficticios o no, de un futuro posible. Soy el fin de mi Historia, soy la ausencia de proceso, de evolución o involución. Soy la perpetuidad de los instantes amargos que cada ser humano siente y de los cuales pretende escapar; a veces conciente, otras mintiéndose... pero escapando al fin y al cabo.

Instante.... ¿qué es un instante?... Me defino como una fotografía en blanco y negro, noir, de amarillos contornos desdibujados, cubierta por una capa de historias polvorientas ajenas a mi, cercana a mis espectadores que de vez en cuando giran su cabeza y lanzan algún comentario sobre mi propia existencia, como si les perteneciese de alguna extraña manera, haciéndome sentir que incluso esta ya no es de mi propiedad. En sus pasos levantan partículas que me cubren marcando las horas y los días de mi inmutabilidad que niega a morir. Quizás es la única marca que señala la fluidez de un tiempo ajeno, propio de ellos. De esta manera voy perpetuandome sin cambios consistentes, simplemente siendo... en un inmutable mundo de grises formas y silencios abrumadores, perdiendo mi condición social... humana.

¿Qué es un instante?... ¡mi infierno ganado!... ¡Qué increíble la manera en que ciertos conceptos difieren para cada especie de esta fauna!... He traspasado el espejo circunstancial en donde los entes se detienen en tiempos particulares para echar un vistazo sobre si mismos con el fin de reconocerse, entenderse o simplemente reflejarse sin mayor complejidad. Yo, simple y perfectamente habito en él.....

De esta manera la cofradía de observadores pasa frente a mi levantando miradas hirientes, a ratos benevolentes, otros tanto con un dejo de envidia... envidia que no es más que el propio reflejo de la que siento yo, en especial cuando pierdo mis fuerzas y me dejo vencer dentro de lo vencido.

¡Maldita perpetuidad, te entendí mal, nunca te quise así!...El rojo me llama cada vez más seguido, cobrando significados que pocos entenderían, solo los pares, los partner... los míos... simplemente, los de “El Solo”...


Y yo sólo quería existir eternamente,
pero no ser un mero instante...
Insisto, ¡Qué paradoja!...

El Solo, Primavera de 2009.

lunes 22 de junio de 2009

Cifras...

Visitas = 160...
1+6+0= "7"...

¡Perfecto!


El Solo, semi ebrio...
completamente lúcido.
Otoño de 2009.

jueves 14 de mayo de 2009

Ixaura... otra partner de "El Solo".




Año nuevo vida nueva… Eso dicen.

Y... ¿qué quiero renovar en mi vida?

A pesar de lo inestable, de lo sola, de lo ávida de afecto y de la pobreza material, me enfrento a este nuevo año siendo mi propia compañía... y no siento oscuridad, me siento conforme y entera. No tengo logros ni he salido victoriosa de ninguna de mis batallas. No me hice famosa ni soy millonaria, pero me siento en paz... libre de sufrimiento.

Estoy sentada en la cuneta, afuera de la pieza que arriendo; estoy ahí porque adentro hace demasiado calor. A lo lejos se oyen los fuegos artificiales y el bullicio de los vecinos que festejan alegres con sus familias al ritmo de “Tomy Rey”.

Yo festejo al ritmo y en compañía de la existencia, tomándome un roncito que robé de la casa de mis papas. Brindo apresurada por las ganas que tengo de subirme a mi chancha[1], para salir a volar a ras de suelo. ¡No hay nada que me entregue mayor satisfacción que sentir esa libertad!.

En el cielo de Santiago apenas pueden verse un par de estrellas, pero al cerrar mis ojos se me viene la imagen de los mil faroles que conocí a través de mis viajes y no puedo dejar de pensar en lo afortunada que soy, de poder cargar todos mis tesoros conmigo. ¡Son tantos que se me hace difícil ambicionar más!... Doy gracias por toda la belleza del universo, universo al cual también pertenezco y pertenecen. Todos somos parte de esa belleza.

¡Feliz año nuevo 2008!...
"Isabel"...
Martes, 1 de enero del 2008 a las 16:13.

De Isabel, otra partner de "El Solo".
http://es.netlog.com/IXAURA
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[1] Imagino un auto viejito, pero fiel... aunque podría ser una bicicleta. (Si fuese una moto... ufff.. qué sexy!!!)

martes 24 de marzo de 2009

¿He sido exiliado?...
Si, abortado soy.........

...Burda existencia...[1]


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[1] Ya lo decía yo...


El Solo, más aun...
Me he ganado mi infierno.
Lo disfruto, bien aceptado es...
Otoño de 2009. ¡Genial!

domingo 22 de febrero de 2009

Manera esperada para que me descubran, amen, tomen y recuerden... a modo de solicitud formal.

Qué es lo que quiero.
Cómo quiero que me vean,
que me recuerden y que me amen...
En otras palabras, cómo quiero que me descubran.


Siempre me había apasionado la escultura, pero en especial el cómo se llegaba a dar con la forma deseada, recreada o, en ocasiones, plagiada. ¡Simple!, la forma ya existía. Recuerden a Miguel Angel cuando acepta el reto de formatear a ese mastodonte de mármol, que recorría el espacio por doce metros hacia el cenit y dos en dirección al horizonte. Todos fallaron al intentar dar forma sin conocer la médula de la piedra, que por años hablaba desde el interior con el fin de descubrir a alguien que la destapase de aquellas cortezas frías y blancas. Esta mostraba los fallidos intentos de los faltos de paciencia, de aquellos que, en el bruto intento de reconocer el misterio, se habían aventurado sin tratar de comprender la naturaleza del objeto. Aquellos, cansados por lo dura experiencia, simplemente la habían abandonado por bloques más maleables, menos complejos o que simplemente por convención estética y social eran más fructíferos. Sin embargo bastó la sabiduría y paciencia del genio que reconociese que la belleza intrínseca de la piedra le mostraba los trazos a seguir y lentamente la desvistió para ver nacer la verdadera razón de ser del bloque.

Un milenio atrás, más lejos aun, en las tierras regadas por el Río Amarillo, un hombre hablaba con su discípulo. Le preocupaba la ligereza de su entrenado para intentar llegar a develar el sentido real de la existencia. Confucio, un poco cansado de las constantes fallas de su joven aprendiz y denotando que la única vía era develar lo complejo a través de la sencillez de las formas, se esmeró en concentrar la atención del joven en un bloque de piedra, demasiado tosco como para lograr inspirar la menor gota de sutileza. Pidió al muchacho que buscara la razón de ser de ese objeto grotescamente magnánimo. Luego de semanas nuestro aprendiz le presentó un enorme número de bosquejos, en donde, con medida exacta, se presentaban todas las posibilidades contenidas en él. El maestro lo felicitó por llegar correctamente a la mitad del camino, sin embargo, con una mirada dulce, lo invitó a quemar todos los borradores presentados con tanto orgullo.

- Lo primero a considerar es que debes ver las cosas sin la necesidad de cambiar la naturaleza misma de ellas –. Es verdad que todo contiene en si su verdadero significado, su razón de ser, pero cada una de estas es posible en un espacio particular y único en el tiempo, pero no al unísono. La razón, la belleza, el destino del bloque, ya se encontraba en él. Sólo por medio de la intuición de la mañana, del medio día y del anochecer, esta podía develarnos el sentido propio del bloque, en un solo momento en particular. Al quemarlo el muchacho volvió a ver al bloque y, sin necesidad de mayor esfuerzo, ante la luz del atardecer, logró ver a su maestro meditando al interior de este. A la mañana siguiente se maravilló con una nueva forma. Al medio día, en vez de ver una reproducción, observó que el sentido estaba en la sombra que este proyectaba, cobijándolo en la frescura de su negro manto, que se esparcía a lo largo del pasto. Supo que el bloque contenía todas las formas posibles y que la lógica sólo le permitía ver los usos ordinarios, ya fuesen estéticos o funcionales. Sin embargo, la intuición le permitía ver cada día miles de maneras y formas diferentes que escapaban a su razón, a su esfuerzo por ver (y comprender) su razón de ser.

Se observaban tres funciones claras en cuanto a la posibilidad de dar sombra. Dar sombra al alba, al medio día y al atardecer. Luego, comprendiendo lo dicho anteriormente por su maestro, que cada cualidad posible se da en un momento determinado y no al unísono, se dio cuenta de que la verdadera razón y particular era la sombra. Así no mezclaba las tres posibilidades de esta, la funcionalidad era una sola: “dar sombra”. Esa era la naturaleza particular del bloque... era más sencillo de lo esperado... era el huevo(n) de Colón, antes de poder pararlo.

A miles de kilómetros, en tiempos distintos, ambos jóvenes comprendían lo esencial a todo objeto, de todo ser (sí señores, la piedra es), la capacidad de mostrar su esencia, su razón primordial, sin más técnica que la simple intuición. Pero existía una diferencia y es ese el punto al cual quiero llegar.

La gente común llega generalmente a manifestar su genio mediante el acto destructor de Miguel Angel. Una vez que han logrado dar con la forma intrínseca de la roca, se lanzan al descuartizamiento del bloque y ven nacer de este la más hermosa obra de arte. Desde ese momento se ha destruido toda nueva posibilidad de descubrir el sentido de este. (Definiéndolo y limitándolo a solo un aspecto del mismo). Cualquier otro intento tendría que nacer a partir de este nuevo objeto que es la obra de Arte, porque ya no es bloque, ya no es piedra, menos el mármol... es, simplemente, “el David”. Las personas, cuando buscan algo en la vida, generalmente actúan así. Al encontrarlo lo toman, lo violan y destruyen. Yo no deseo que mis amigos encuentren en mi el sentido de ser de nuestra amistad de dicha manera. Lo único que conseguirían es crear una simple y única visión de lo que soy, un concepto simple de los muchos que contengo en mi complejidad. Cuántas veces nos hemos visto en esa encrucijada de sentirnos que no nos conocen lo suficiente. Incluso los más cercanos, ya sean nuestros padres, hermanos de sangre o la vida... incluyendo nuestras parejas. ¡Qué media naranja ni que nada! Me aburriría de ser la otra mitad de una esfera inmutable y perpetua, que irremediablemente tiende a marchitarse con las horas, las semanas y la vida. Yo deseo ser pera, manzana, mango y durazno, para terminar siendo, al final de mis días, un higo seco, pegado a mi eterna rama compañera que siempre me sostuvo y a la cual endulcé su existencia, entregándole los aromas de mi carne. Y por qué ser la mitad de algo, si yo deseo dar la totalidad de mi ser a alguien, y si este es esa rama que me sostiene... ¡mejor!. Así, son dos seres diferentes que se requieren. ¡Eso es lo que deseo!. Quiero que las personas no se queden con los convencionalismos al conocerme, deseo que me vean más allá de la primera y burda impresión y, en especial, no quiero que después de conocerme una vida se queden con una sola imagen de mi. Quiero que en esta vida y las siguientes sigan maravillándose con las virtudes nuevas de mi ser, con las fallas que irremediablemente son parte nuestra, con los olores, los triunfos y sobre todo con las derrotas, compartiendo el dolor para ser luego feliz, multiplicando ese sentimiento y hacerlo maravilloso[1]. Cómo quiero que me descubran... así. No deseo a una copia perfecta del genio de Miguel Angel que me destape, se enamore de mí y mantenga una eterna fijación sobre su escultura. Al pasar de los años se tornaría común, rutinario y pasaría a ser ya no más la belleza descubierta, sino más de lo mismo. Reconocería en mí cada golpe del cincel, más allá de la suavidad lograda. Empezaría luego a intentar develar en esa obra el lugar en donde se equivocó y que tan perfectamente ocultó, tras un pliegue o mediante el trazo de una vena que nunca existió (o concibió). Al final, igual que los guardias del museo del Vaticano, pasarían frente a mí sin ni siquiera voltear y dar un vistazo curioso. Sabría que estoy ahí, que me descubrió, que me amó y admiró, pero sería totalmente inútil recordar el momento que comencé a fastidiarlo, hasta el punto del total olvido.

Yo deseo a ese simple aprendiz, llevado por el ansia de descubrir, pero que es capaz de llegar al meollo de las cosas sin siquiera intentar moldear un poco la piedra, simplemente reconociendo día a día, en diferentes tiempos, cada una de sus cualidades. Quiero que ella me descubra así, sin tocar ni moldear, que me vea tosco y derrotado en un momento, pero con la sabiduría y paciencia de reconocer que, al otro día, los rayos del amanecer descubrirán en mi roca otro sentido que la pueda llevar a admirarme. Así, todos los días tendrá en la misma materia, en la misma esencia de un solo objeto, miles de posibilidades para amarme, odiarme y volverme a amar... con más fuerza y sabiduría al final de mis días (sus días). De esta manera, nunca se aburrirá de mí, porque esa persona intuitiva entenderá que, aún con el último respiro, sabré impresionarla con algo nuevo.

Al final si yo muero primero, con su brillantez, y alejada de todo tipo de convencionalismo cursi, sabrá esculpir las palabras precisas de mi lápida... y dirá de la siguiente manera:



“No dejen flores, llantos ni rezos.
Simplemente descubran sus cabezas,
quítense el vil (falso) sombrero y sonrían,
porque aquí yace la Boa que se comió al Elefante”[2].


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[1] -7 x -7 = +49.
[2] En caso contrario, la suya dirá:

“Espérame con té caliente en la sala
y una copa de brandy en la cama.
Cuentan que el Limbo es un poco helado."



“Dime, oh Dios, si mis ojos, realmente,
la fiel verdad de la belleza miran;
o si es que la belleza está en mi mente,
y mis ojos la ven doquier que giran”.
(Miguel Angel).
"Cada cosa tiene su belleza,
pero no todos pueden verla".
(Confucio).

El Solo, El Autor.
Febrero de 2009.

sábado 21 de febrero de 2009

Circunstancias previas. Comienza...


Peumo, Abril de 1992.



Habían pasado unos días desde aquella noche en que las circunstancias lo habían atacado de manera tal que se convertirían en la antesala mediante la cual comenzaría ese triste recorrido que lo llevaría, años más tarde, a ser El Solo. Faltaban algunos días para su cumpleaños y por primera vez en su vida le importaba un carajo.

El recorrido hacia el colegio era largo en kilómetros, pero corto en tiempo. Debía trasladarse desde Peumo hacia San Vicente de Tagua Tagua, una distancia aproximada de 12.000 metros.[1]

Máximo bajó del bus y se topó con la cínica mirada de dolor de su ex. Sólo una palabra – Perdónamesólo una respuesta – No lo sé -. Ella atinó a abrazarlo, pero Máximo, tornándose escurridizo, giró su cuerpo y emprendió una corrida hacia el colegio. A medida que avanzaba sentía que parte de su humanidad quedaba atrás, para no volver más. Sabía que estaba perdiendo algo precioso, pero no atinaba a parar, solo a seguir.

Ese día fue tormentoso. Millones de preguntas para una sóla respuesta. –No lo sé -. ¿Pero qué pasó, qué te dijo, por qué te estaba esperando, por qué ese güeón, por qué no la mandaste a la mierda... que vai hacer?- y una sola respuesta para todas: - No lo sé -.

Se sentía mono expresivo. Ante todo sólo atinaba a decir -No lo sé - ¿Qué debía hacer? Durante el día sus amigos lo acompañaron en todo momento. Las preguntas se repetían al igual que la única repuesta. Era tanto el acecho que en ese momento empezó a experimentar el hastío social y el deseo de estar solo. El problema fue que el paso de estar a "ser solo” fue uno solo... aquel instate... ese momento.

Tomó lápiz y papel, y comenzó una de las más largas series de cartas que le escribiría a una persona. La primera tan solo era una breve misiva en donde pedía una explicación. Días después, la respuesta fue graciosamente tan breve como lo estaba siendo él con sus amigos: – No lo sé –.


Gyula Halász "Brassai" - Prostituta - 1933.




El Solo, 21 de febrero de 2009, aún existo, aún preciso ser.
No dejen mensajes, vuelvan a llamar.
Soy el que no cuelga; responde.
Soy... "El Solo".
Otra vez.

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[1] Trásformenlos en millas gringos de mierda. ¡A ver si les gusta la cosa a la inversa!...
* En fin, pueden dejar mensajes.

viernes 31 de octubre de 2008

El Beso.


Existen tres maneras de entender un beso[1].

La primera esta sujeta a estrategias sociales que encuentran un espacio dentro de las normas de urbanidad inherentes al consenso. Este es el beso sin sentido, sin pasión. Es el beso por cumplir, aquel que damos queriendo hacerlo o simplemente por inercia (resultado neutro). Así, dicho beso puede ser recibido tanto por un amigo, como también por aquel que no lo merece; o simplemente por quien producto del azar le tocó estar ahí para recibirlo... meramente una circunstancia.

Esta, por otro lado, el beso filial, ese que damos tanto a hermanos, parientes cercanos y amigos del alma... nuestros partners[2]... sean Solos o no, da igual, no todos podemos ser perfectos. Este tipo de beso carece de lo circunstancial y de lo convencional, más aun, esta lejos de las normas de urbanidad. Se da porque nace darlo... así de maravillosamente simple. En resumen, es un disfrute sincero.

Finalmente está el beso, el real, el único. ¡Mierda!, cómo se los explico[3]. Difícil.......................................................... ¡No!, simple.

En tercer lugar existe El Beso, aquel que damos de igual forma a los anteriores, da lo mismo si es en la mejilla o en los labios[4] (todo depende del nivel de éxito). La diferencia radica en la sensación unido a lo anhelado. El Beso... Para qué definirlo, ya lo saben, lo sabemos todos... Ese Beso, aquel que damos pocas veces en nuestra vida y que en nada está sujeto a consideraciones azarosas o a índoles de tipo social. Por ende, ni siquiera podemos encasillarlo a esta clasificación simplista, ya que el beso es El Beso. Si, se que me alargo, pero cómo defino algo que, más allá de los finales sean hermosos o tristes, perdura para siempre en nosotros. Qué paradoja. Lo más simple, lo más real, lo más cierto y perdurable y no puedo siquiera acercarme con una o dos palabras a lo que en esencia es.

Una pregunta. Cuántos besos les han robado una sonrisa tiempo después[5]. El Beso del cual hablo es el mismo, la diferencia es que no está sujeto a recuerdos con nombre, simplemente es aquel que una y otra vez se vive, cada vez que después de noches de tortura por desear lo lejano, aparece húmedo y tibio ante nosotros. El Beso............................................................................

Si, ese... El mejor y, a veces, el peor de todos. Ya saben a cual me refiero, para que ahondar más. Sólo una cosa por agregar: Pasión... Es la impronta eterna de quien besa realmente, sobre todo cuando espera lo que por consenso debe venir o simplemente estar... amor. Cursimente amor[6].


“Un hombre sin paciones está tan cerca de la estupidez,
que sólo le falta abrir la boca para caer en ella”.

Lucio Anneo Séneca.

El Solo, Viernes 31 de Octubre.
Después de tiempo sin estar con ustedes.
Va ese beso tipo “dos”, esperando el “tres”.

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[1] Si, si, si... se que existen miles, pero resumamos por favor. La noche termina y el alcohol también; y peor aun, los cigarros. Denme un respiro por hoy, otro día, mejor dicho noche, les conversaré acerca de las otras miles de formas.
[2] Permítanme el anglicanismo, amando mi lengua, mejor dicho mi idioma, partner es la mejor forma de referirse no a un socio, sino a un hermano, un cómplice, un igual... uno mismo en otro... aquel espejo de nosotros mismos.
[3] Quisiera darles uno para que entiendan, pero lamentablemente producto del azar, por estar aquí leyéndome, lo más probable sería que terminaría dándoles un beso categoría “uno”.
[4] Seamos realistas, mejor en los labios... la boca.
[5] Por favor, no sean payasos, no piensen en aquel. Es otro el tipo de beso referido.
[6] Y qué más da, quiero lo cursi en mi vida (plagio de otro plagio).

domingo 1 de junio de 2008

"El Rito".

El Rito.

Luego de comer lo necesario para estar firme durante la noche, pero no lo demasiado abultado, me dirijo al cuarto para escuchar un poco de música. Es necesario empezar antes a sentir la presencia de los ruidos de rincones oscuros, de cigarros y alcohol. La música sirve como cortina, o mejor dicho, como un velo por el cual miras a través. Te entrega esa sensación de no estar en ningún lado, excepto aquel a donde sabes te dirigirás en minutos más. Escucho, fumo, bebo y pienso, antes de comenzar a prepararme, como retardando el placer que vendrá. Tomo mi tiempo, porque sé que la noche es más que la falta de luz, la necesidad de sueño o la cursi hora de los amantes de hogar. La noche es el reino de los sin tiempo, sin moral, de los libres de prejuicios. En ella buscan la complicidad necesaria para dar rienda suelta a todas las aberraciones que nos prohibieron tanto antaño como hoy. El sistema es subcultural, las normas pasan a ser códigos y estrategias en un juego que sólo algunos manejan, ya que los demás se limitan a repetirlo de manera automática. Por ende, dicha noche comienza como todo acto sagrado... mediante un "ritual". El paso de las horas diurnas al tiempo de las sombras de la ciudad es una suerte de morir y nacer en un tiempo menor, pero no por eso menos importante ("tener que morir para ser otro"). La gente no entiende eso de vivir de manera cíclica en parámetros de tiempo pequeños. Viven pensando en trimestres, años y décadas, como si no supieran que las circunstancias atacan en cualquier momento terminando irrespetuosamente toda planificación a largo plazo. El vivir cíclicamente es vivir en el día y morir en la noche, es el carpe diem de los itinerantes de este mundo. Sin embargo, para algunos la vida es parte de la noche (¿al revés?), el espacio en el que encuentran su intimidad con aquellos pares, con sus alter egos que afloran después de la aplicación de ciertas sustancias, algunas mayores que otras, en el fondo es un fructus sum noctis. Para qué compartir el día entre varios si se puede hacer lo mismo durante la noche, pero entre pocos... y cómplices al fin y al cabo.

Entro al baño y me siento. Extraigo de mi interior los demonios devorados y gestados durante las horas de luz. Son largos y duros, me hacen daño y no los quiero en mi. Requiero beber más agua y fruta (nota mental). Así comienza "el ritual". Luego de la extracción viene la purificación mediante el agua.

La ducha es (y debe ser) ligeramente tibia. Nada de excesos vaporosos que sueltan las carnes y contradicen la sensación refrescante del frío, que corta los pliegues de la piel haciéndote sentir vivo, fuerte y atento. El Solo es un animal de caza, zoomorfeándome lentamente en cada minuto del ritual.

Una vez realizadas las abluciones necesarias tomo la máquina de afeitar y delineo la barba. En un comienzo significaba el terminar con un rostro infantil y andrógeno. Con el tiempo se convertiría en una forma para palear los excesos de pliegues en la cara, los cuales, inevitablemente comenzaban su franca caída en torno al corto cuello. Citando a Newton, "la ley de gravedad es directamente proporcional a los años, los abusos, los desvelos y la falta de voluntad por una vida sana". El pelícano facial comenzaba a materializarse. La barba rebajada, que zurcaba desde los bigotes bajando por la pera y doblando por el maxilar inferior hasta alcanzar la mitad del rostro, era una forma de buscar ese delineamiento perdido hace unos años atrás. De esa manera la faz engañaba el deterioro y la flacidez que comenzaba a insinuarse.

En ese proceso el período de tiempo era mínimo, casi un divertimento. El problema recaía en los bellos pomulares que insistentemente hacían su aparición en escena cada tres días. La pinza era el medio adecuado para dar fin a los intentos de manifestación de tales individuos que irrespetaban el conjunto facial, el cual, inevitablemente, se negaba a morir. Dichos problemas aumentaban cuando por diferentes motivos estas desaparecían. En esos casos recurría a un firme par de uñas que hacían la suerte de tenazas y a la paciencia para poder dar con uno de ellos.

Salía del baño con su toalla encintada por arriba del obligo. Años atrás lo habría hecho por debajo de este y, en el mejor de los casos, sin nada puesto. En fin, creo que la explicación de la adopción de esta alternativa no merece más detalles. Al entrar en la pieza lo primero es la música que varía conforme a la ocasión. Para este caso un poco de rock, lo habitual. La noche será fiera... elevadísima... ¡es lo que quiero conseguir! Si quisiera un rato de conversación y sensualidad lo ideal sería un jazz, bossa nova o música lenta. De lo contrario bienvenido sea el rock... ¡Oh night long!

Me siento y peino el cabello. La imagen es surrealista. En nada recuerda esas escenas holliwodenses en donde el galán se admira en plenitud frente al espejo de dos cuerpos[1]. Primero que nada, para mirarme este tendría que ser ya de tres cuerpos. Segundo, más que admirarme trato de no ver ciertas partes de las que no me siento realmente orgulloso. Todo es parte de un engaño planificado. Sé que cosas mirar, cuándo mirar y qué obviar. Muchos creerán que todo lo dicho es enfermizo, gay y de un carácter narcisista frustrado. ¡No señores! ¡Es la más pura verdad que todos experimentamos! La diferencia es que muchos se conforman y otros, por falta de complejidad, no se lo cuestionan. La diferencia es que "esos otros” saben que esta ahí, tapando formas que ya no se observan. Miguel Angel decía que la belleza de las cosas existía intrínsecamente más allá de lo que se denotaba antes nuestros ojos. Por ese motivo al romper el mármol no estaba creando nada mas allá de lo que ya existía. Él simplemente descubría (o destapaba) lo latente para hacerlo manifiesto (la diferencia de crear)[2]. Quizás por eso fue el único en poder dar forma a ese enorme bloque de mármol, estrecho y largo como ningún otro, del cual nació el David. ¡Cómo entiendo al hombre al ver la necesidad de que alguien me redescubra bajo este mármol flácido que esconde lo que realmente soy!... ¡Cómo te quisiera acá Miguel Angel! (No me mal interpretes, no soy Da Vinci con sus desviaciones, que sólo tu, yo y unos pocos lectores de Historia conocen).

"El ritual" sigue con la selección de las ropas. ¡Qué mejor que el negro para la complicidad de la noche! El pulcro azabache es menester de aquellos gatos nocturnos que desean pasar desapercibidos ante sus presas que aguardan el momento en que sus gargantas serán cercenadas.[3] (Bueno, en realidad espero cercenar, atravesar y morder otras partes más allá que una garganta, pero en fin). El negro no se aprecia a una distancia prudente. Sólo es percibido a una distancia inevitable. Pero, si es combinado con otro color resulta delicadamente atrayente, aumentando la posibilidad del triunfo. Así salen volando del ropero la chaqueta de terciopelo, la camisa color vino y los pantalones que comparten el mismo color del saco. Los zapatos brillan bajo la capa de betún que cubre ciertos puntos en donde el cuero ha sido presa de raspones luego de las infinitas caídas por motivos de ebriedad.

Teniendo todo dispuesto me vuelvo a sentar frente a un segundo espejo que está al frente del tuallete heredado de mi abuela. En dicho momento es cuando el rito está en el cenit y comienza la verdadera transformación en el ente nocturno.

Tomo nuevamente el peine y lo paso de manera suave por el cabello, que si bien escaso, aun noblemente cubre lo necesario como para ser atractivo a los comensales. Durante ese periodo en que surca las brechas de su cabeza es en donde comienza a visualizarse como “otro”, dispuesto a transformarse a medida que la maraña de pelos empiezan a tomar forma, la final, la que corona la testa larga y afilada. La camisa, semi abierta comienza a mojarse bajo el cuello, lugar por donde escurren las gotas arrancadas por el peine. No le importa, adora la sensación de sentir humedad y frío. Sabe que otro tipo de "humedad" tendrá entre sus dedos horas más tarde. (Y que otros cabellos se mojarán).

La música en este momento cambia. Lo mejor es seguir con el jazz, suave, nada de fusión... debe ser clásico, seguido por bossa nova. Muchos creerán que es la combinación más ridícula si se quiere una noche frenética. ¡Qué más frenético que los cambios de ritmo a voluntad durante la noche!. "La música debe ser escuchada como el sexo debe ser realizado". Con cambios a voluntad, adelantando y retrasando el placer. Es la única manera en que se logra el “irse” despegando de lo esquemático de nuestras vidas. Los cambios de ritmo son eso. La salida de nuestra maldita existencia en donde las velocidades son controladas por la consecución de metas diarias, semanales, anuales, en fin, de una vida. ¡Quién no ha disfrutado de salir de una oficina a realizar un trámite importante[4] y tomarse en el trayecto un breve tiempo para si mismo!. Durante ese momento, sea un cigarro, una cerveza, el caminar pausado o simplemente pararse frente a una vitrina uno siente que maneja las circunstancias, que si bien lo obligan a apurarse en búsqueda de los fines y con ello el mérito, dejan de ser relevantes por un espacio de tiempo breve en que lo único importante es la paz y tranquilidad y, en ocasiones, el placer individual. Si se rompe el ritmo se logra el orgasmo de mandar sólo por un rato todo a la mierda. En el sexo los cambios de ritmo nos ayudan de igual forma a detenernos un poco en nosotros y la otra persona, alargando el placer y entregándolo para después quitarlo. ¡Qué cosa mejor es esa de querer tener algo, tocarlo y perderlo para salir a buscarlo como animal hasta lograr alcanzarlo y acabarlo (nuevamente)! ... La música es igual. Ritmos lentos que te agradan hasta el hastío de querer lo frenético que luego te lleva a los compaces necesariamente más tenues. Me río de aquellos que entran a un lugar a escuchar tecno y lo único que repiten es su propio estilo aburrido de vida. Dicen que se enajenan, que se van, que se elevan. ¡Yo me elevo y bajo muchas veces en la misma noche y después me vuelvo a elevar para caer después! ¡Idiotas, no entienden! ... ¡Y qué decir de aquellos que se acuestan con una mujer y se las dan de latinos rabiosos que lo meten hasta acabar, o los que de manera “nice” siguen el ritmo suave como si les creyeran que son amantes tiernos y comprensivos!... ¡No señores!. Yo soy una bestia irrespetuosa en un momento, un sincero amante lento de vírgenes que deben ser respetadas al otro, y un dador de orgasmos al final de la noche. ¡Qué ritmo ni que güea!, la arritmia bien manejada es lo que nos eleva, el subir y caer para repetirlo una y otra vez. Les repito: ¡estúpidos! ...

La música, ya más tenue, se mezcla con el subir y bajar del brazo que se enreda por detrás de la nuca hasta el final de los últimos cabellos. Es necesario verse arreglado, pero un toque de casualidad desaliñada en el pelo ayuda a conseguir ese cuadro esperado.

Sentado nuevamente frente al espejo del tuallete enciendo un cigarro mientras recorto la barba en búsqueda de las líneas del mentón, homogeneizando ese tejido de pelos para dar forma al rostro, pero evitando el exceso. La barba es una buena atenuante de aquello que los años y excesos no han respetado (creo que eso ya lo dije… en fin). Debajo de esos pelos se esconde el futuro de una masa que tiende a caer gradualmente. La papada no es una opción válida, pero si una realidad que no tiene pretensiones de abandonar su lucha. Simplemente crece, al igual que todo lo demás. (Menos "eso")... (¡vulgar!).

Las últimas gotas juegan a través del cuello depejado deslizándose por el pecho. Se siente como marca ese surco imaginable que va desde los pectorales (cuáles) hasta los lugares de ensueño de muchas (quizás, alguna vez… de muchos[5]). El camino perfecto hacia los deseos, el derrotero virtual que sabemos seguir si se nos orienta o se nos desea. Ese espacio por donde pasan los dedos de quienes nos dicen en un momento que somos aceptados, que lo que viene es el pago por tanto esfuerzo (a veces nulo, dependiendo), el premio final. Esta parte es esencial. No me refiero al premio. Si bien es la meta, lo que quiero explicar es la necesidad de experimentar en el ritual el reconocimiento de dicho surco virtual recreado por las gotas que recorren el pecho y se pierden en ese espacio que es antesala a los lugares más estaciables de nuestro ser.

El cigarro a medio consumir, repite en sus serpenteos de humo el camino recorrido por los ya mencionados hilos de agua. Uno y otro son cómplices, mientras la gota es explícita el humo se horgasmea recreando los lugares por donde esta recorre. Es casi el final del rito. Es el momento en el cual dentro de la cabeza del cazador comienzan a graficarse las imágenes de batallas ganadas, de escaramuzas con tristes resultados, pero que lo enmarcan como un gato nocturno que recorre cornisas, calles y recovecos sombríos en búsqueda de placeres mundanos, de comida, sexo y pelea. El cigarro, en su etapa póstuma, nos indica que todo esta casi concretado. Es el minuto en que ya se está presto. Los músculos, las herramientas, las estrategias, pensamientos y deseos apuntan a lo mismo: el éxito, el placer.

Todo se ha concretado (consumado). Me incorporo para poner la chaqueta. Soy otro en el mismo. ¡Mierda, olvidé lavar los dientes!. ¡Puta, rompí el ritual!... - ¡Eso se hacía después de la ducha, güeon! -.

Máximo se incorporó dirigiéndose al baño. Realizó una extenuante limpieza dental. Tomó los pocos billetes que guardaba entre las páginas de unos de sus libros favoritos, "Nudo de víboras", recogió las llaves que colgaban de un cromado llavero que hacía juego con sus oscuras ropas y salió. ¿Esperaban un auto?. ¡Falso!, sólo micro. El felino se desplaza en sus pies, pide prestado aventones o simplemente los paga. Para nada concibe acudir a objetos extraños para conseguir sus objetivos. Es un cazador autómata, no requiere de armas que rompen con lo romántico del acto de seducir y capturar. (En el fondo era la excusa para no odiarse por estar sin movilización propia a una edad en que muchos ya los ostentaban. Maldita circunstancia).
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[1] Recuerden a Tony Manero gritando “Al-pa-cino, al-pa-cino…”. (En Fiebre de Sábado por la noche).
[2] Espacio dispuesto sólo para Dios o las fuerzas del universo… o lo que sea… ¡icrédulos!
[3] Lestat lo sabía. Creo que Marius se lo mencionó. Esto según Ann.
[4] A veces ficticio.
[5] Este… emmh… en fin, curao no vale.
El Solo... Años atrás...
Cuando aun éramos ingenuos...
Jóvenes sin conciencia...

martes 11 de marzo de 2008

Sin título... Por Dios!!! .... (O por quien sea)... - .. Aló!... ¿estas ahi?...

Ya casi un año ya....

Soledad, la amante perfecta.
Te conoce, te entiende.. no hay reclamos....
Sólo letras por pagar...........................................

Soledad!... Nunca hablaste de reembolso!!!................. Whatever!... Cest la vie.

33 en poco tiempo...
3+3=6; ufff!... ¡llamen a mi contador!
Al menos él sabe disfrazar los números......................

El Solo, casi en otoño... de 2008.
Maravillosa época, ya casi respiro mejor.