domingo, 1 de junio de 2008

"El Rito".

El Rito.

Luego de comer lo necesario para estar firme durante la noche, pero no lo demasiado abultado, me dirijo al cuarto para escuchar un poco de música. Es necesario empezar antes a sentir la presencia de los ruidos de rincones oscuros, de cigarros y alcohol. La música sirve como cortina, o mejor dicho, como un velo por el cual miras a través. Te entrega esa sensación de no estar en ningún lado, excepto aquel a donde sabes te dirigirás en minutos más. Escucho, fumo, bebo y pienso, antes de comenzar a prepararme, como retardando el placer que vendrá. Tomo mi tiempo, porque sé que la noche es más que la falta de luz, la necesidad de sueño o la cursi hora de los amantes de hogar. La noche es el reino de los sin tiempo, sin moral, de los libres de prejuicios. En ella buscan la complicidad necesaria para dar rienda suelta a todas las aberraciones que nos prohibieron tanto antaño como hoy. El sistema es subcultural, las normas pasan a ser códigos y estrategias en un juego que sólo algunos manejan, ya que los demás se limitan a repetirlo de manera automática. Por ende, dicha noche comienza como todo acto sagrado... mediante un "ritual". El paso de las horas diurnas al tiempo de las sombras de la ciudad es una suerte de morir y nacer en un tiempo menor, pero no por eso menos importante ("tener que morir para ser otro"). La gente no entiende eso de vivir de manera cíclica en parámetros de tiempo pequeños. Viven pensando en trimestres, años y décadas, como si no supieran que las circunstancias atacan en cualquier momento terminando irrespetuosamente toda planificación a largo plazo. El vivir cíclicamente es vivir en el día y morir en la noche, es el carpe diem de los itinerantes de este mundo. Sin embargo, para algunos la vida es parte de la noche (¿al revés?), el espacio en el que encuentran su intimidad con aquellos pares, con sus alter egos que afloran después de la aplicación de ciertas sustancias, algunas mayores que otras, en el fondo es un fructus sum noctis. Para qué compartir el día entre varios si se puede hacer lo mismo durante la noche, pero entre pocos... y cómplices al fin y al cabo.

Entro al baño y me siento. Extraigo de mi interior los demonios devorados y gestados durante las horas de luz. Son largos y duros, me hacen daño y no los quiero en mi. Requiero beber más agua y fruta (nota mental). Así comienza "el ritual". Luego de la extracción viene la purificación mediante el agua.

La ducha es (y debe ser) ligeramente tibia. Nada de excesos vaporosos que sueltan las carnes y contradicen la sensación refrescante del frío, que corta los pliegues de la piel haciéndote sentir vivo, fuerte y atento. El Solo es un animal de caza, zoomorfeándome lentamente en cada minuto del ritual.

Una vez realizadas las abluciones necesarias tomo la máquina de afeitar y delineo la barba. En un comienzo significaba el terminar con un rostro infantil y andrógeno. Con el tiempo se convertiría en una forma para palear los excesos de pliegues en la cara, los cuales, inevitablemente comenzaban su franca caída en torno al corto cuello. Citando a Newton, "la ley de gravedad es directamente proporcional a los años, los abusos, los desvelos y la falta de voluntad por una vida sana". El pelícano facial comenzaba a materializarse. La barba rebajada, que zurcaba desde los bigotes bajando por la pera y doblando por el maxilar inferior hasta alcanzar la mitad del rostro, era una forma de buscar ese delineamiento perdido hace unos años atrás. De esa manera la faz engañaba el deterioro y la flacidez que comenzaba a insinuarse.

En ese proceso el período de tiempo era mínimo, casi un divertimento. El problema recaía en los bellos pomulares que insistentemente hacían su aparición en escena cada tres días. La pinza era el medio adecuado para dar fin a los intentos de manifestación de tales individuos que irrespetaban el conjunto facial, el cual, inevitablemente, se negaba a morir. Dichos problemas aumentaban cuando por diferentes motivos estas desaparecían. En esos casos recurría a un firme par de uñas que hacían la suerte de tenazas y a la paciencia para poder dar con uno de ellos.

Salía del baño con su toalla encintada por arriba del obligo. Años atrás lo habría hecho por debajo de este y, en el mejor de los casos, sin nada puesto. En fin, creo que la explicación de la adopción de esta alternativa no merece más detalles. Al entrar en la pieza lo primero es la música que varía conforme a la ocasión. Para este caso un poco de rock, lo habitual. La noche será fiera... elevadísima... ¡es lo que quiero conseguir! Si quisiera un rato de conversación y sensualidad lo ideal sería un jazz, bossa nova o música lenta. De lo contrario bienvenido sea el rock... ¡Oh night long!

Me siento y peino el cabello. La imagen es surrealista. En nada recuerda esas escenas holliwodenses en donde el galán se admira en plenitud frente al espejo de dos cuerpos[1]. Primero que nada, para mirarme este tendría que ser ya de tres cuerpos. Segundo, más que admirarme trato de no ver ciertas partes de las que no me siento realmente orgulloso. Todo es parte de un engaño planificado. Sé que cosas mirar, cuándo mirar y qué obviar. Muchos creerán que todo lo dicho es enfermizo, gay y de un carácter narcisista frustrado. ¡No señores! ¡Es la más pura verdad que todos experimentamos! La diferencia es que muchos se conforman y otros, por falta de complejidad, no se lo cuestionan. La diferencia es que "esos otros” saben que esta ahí, tapando formas que ya no se observan. Miguel Angel decía que la belleza de las cosas existía intrínsecamente más allá de lo que se denotaba antes nuestros ojos. Por ese motivo al romper el mármol no estaba creando nada mas allá de lo que ya existía. Él simplemente descubría (o destapaba) lo latente para hacerlo manifiesto (la diferencia de crear)[2]. Quizás por eso fue el único en poder dar forma a ese enorme bloque de mármol, estrecho y largo como ningún otro, del cual nació el David. ¡Cómo entiendo al hombre al ver la necesidad de que alguien me redescubra bajo este mármol flácido que esconde lo que realmente soy!... ¡Cómo te quisiera acá Miguel Angel! (No me mal interpretes, no soy Da Vinci con sus desviaciones, que sólo tu, yo y unos pocos lectores de Historia conocen).

"El ritual" sigue con la selección de las ropas. ¡Qué mejor que el negro para la complicidad de la noche! El pulcro azabache es menester de aquellos gatos nocturnos que desean pasar desapercibidos ante sus presas que aguardan el momento en que sus gargantas serán cercenadas.[3] (Bueno, en realidad espero cercenar, atravesar y morder otras partes más allá que una garganta, pero en fin). El negro no se aprecia a una distancia prudente. Sólo es percibido a una distancia inevitable. Pero, si es combinado con otro color resulta delicadamente atrayente, aumentando la posibilidad del triunfo. Así salen volando del ropero la chaqueta de terciopelo, la camisa color vino y los pantalones que comparten el mismo color del saco. Los zapatos brillan bajo la capa de betún que cubre ciertos puntos en donde el cuero ha sido presa de raspones luego de las infinitas caídas por motivos de ebriedad.

Teniendo todo dispuesto me vuelvo a sentar frente a un segundo espejo que está al frente del tuallete heredado de mi abuela. En dicho momento es cuando el rito está en el cenit y comienza la verdadera transformación en el ente nocturno.

Tomo nuevamente el peine y lo paso de manera suave por el cabello, que si bien escaso, aun noblemente cubre lo necesario como para ser atractivo a los comensales. Durante ese periodo en que surca las brechas de su cabeza es en donde comienza a visualizarse como “otro”, dispuesto a transformarse a medida que la maraña de pelos empiezan a tomar forma, la final, la que corona la testa larga y afilada. La camisa, semi abierta comienza a mojarse bajo el cuello, lugar por donde escurren las gotas arrancadas por el peine. No le importa, adora la sensación de sentir humedad y frío. Sabe que otro tipo de "humedad" tendrá entre sus dedos horas más tarde. (Y que otros cabellos se mojarán).

La música en este momento cambia. Lo mejor es seguir con el jazz, suave, nada de fusión... debe ser clásico, seguido por bossa nova. Muchos creerán que es la combinación más ridícula si se quiere una noche frenética. ¡Qué más frenético que los cambios de ritmo a voluntad durante la noche!. "La música debe ser escuchada como el sexo debe ser realizado". Con cambios a voluntad, adelantando y retrasando el placer. Es la única manera en que se logra el “irse” despegando de lo esquemático de nuestras vidas. Los cambios de ritmo son eso. La salida de nuestra maldita existencia en donde las velocidades son controladas por la consecución de metas diarias, semanales, anuales, en fin, de una vida. ¡Quién no ha disfrutado de salir de una oficina a realizar un trámite importante[4] y tomarse en el trayecto un breve tiempo para si mismo!. Durante ese momento, sea un cigarro, una cerveza, el caminar pausado o simplemente pararse frente a una vitrina uno siente que maneja las circunstancias, que si bien lo obligan a apurarse en búsqueda de los fines y con ello el mérito, dejan de ser relevantes por un espacio de tiempo breve en que lo único importante es la paz y tranquilidad y, en ocasiones, el placer individual. Si se rompe el ritmo se logra el orgasmo de mandar sólo por un rato todo a la mierda. En el sexo los cambios de ritmo nos ayudan de igual forma a detenernos un poco en nosotros y la otra persona, alargando el placer y entregándolo para después quitarlo. ¡Qué cosa mejor es esa de querer tener algo, tocarlo y perderlo para salir a buscarlo como animal hasta lograr alcanzarlo y acabarlo (nuevamente)! ... La música es igual. Ritmos lentos que te agradan hasta el hastío de querer lo frenético que luego te lleva a los compaces necesariamente más tenues. Me río de aquellos que entran a un lugar a escuchar tecno y lo único que repiten es su propio estilo aburrido de vida. Dicen que se enajenan, que se van, que se elevan. ¡Yo me elevo y bajo muchas veces en la misma noche y después me vuelvo a elevar para caer después! ¡Idiotas, no entienden! ... ¡Y qué decir de aquellos que se acuestan con una mujer y se las dan de latinos rabiosos que lo meten hasta acabar, o los que de manera “nice” siguen el ritmo suave como si les creyeran que son amantes tiernos y comprensivos!... ¡No señores!. Yo soy una bestia irrespetuosa en un momento, un sincero amante lento de vírgenes que deben ser respetadas al otro, y un dador de orgasmos al final de la noche. ¡Qué ritmo ni que güea!, la arritmia bien manejada es lo que nos eleva, el subir y caer para repetirlo una y otra vez. Les repito: ¡estúpidos! ...

La música, ya más tenue, se mezcla con el subir y bajar del brazo que se enreda por detrás de la nuca hasta el final de los últimos cabellos. Es necesario verse arreglado, pero un toque de casualidad desaliñada en el pelo ayuda a conseguir ese cuadro esperado.

Sentado nuevamente frente al espejo del tuallete enciendo un cigarro mientras recorto la barba en búsqueda de las líneas del mentón, homogeneizando ese tejido de pelos para dar forma al rostro, pero evitando el exceso. La barba es una buena atenuante de aquello que los años y excesos no han respetado (creo que eso ya lo dije… en fin). Debajo de esos pelos se esconde el futuro de una masa que tiende a caer gradualmente. La papada no es una opción válida, pero si una realidad que no tiene pretensiones de abandonar su lucha. Simplemente crece, al igual que todo lo demás. (Menos "eso")... (¡vulgar!).

Las últimas gotas juegan a través del cuello depejado deslizándose por el pecho. Se siente como marca ese surco imaginable que va desde los pectorales (cuáles) hasta los lugares de ensueño de muchas (quizás, alguna vez… de muchos[5]). El camino perfecto hacia los deseos, el derrotero virtual que sabemos seguir si se nos orienta o se nos desea. Ese espacio por donde pasan los dedos de quienes nos dicen en un momento que somos aceptados, que lo que viene es el pago por tanto esfuerzo (a veces nulo, dependiendo), el premio final. Esta parte es esencial. No me refiero al premio. Si bien es la meta, lo que quiero explicar es la necesidad de experimentar en el ritual el reconocimiento de dicho surco virtual recreado por las gotas que recorren el pecho y se pierden en ese espacio que es antesala a los lugares más estaciables de nuestro ser.

El cigarro a medio consumir, repite en sus serpenteos de humo el camino recorrido por los ya mencionados hilos de agua. Uno y otro son cómplices, mientras la gota es explícita el humo se horgasmea recreando los lugares por donde esta recorre. Es casi el final del rito. Es el momento en el cual dentro de la cabeza del cazador comienzan a graficarse las imágenes de batallas ganadas, de escaramuzas con tristes resultados, pero que lo enmarcan como un gato nocturno que recorre cornisas, calles y recovecos sombríos en búsqueda de placeres mundanos, de comida, sexo y pelea. El cigarro, en su etapa póstuma, nos indica que todo esta casi concretado. Es el minuto en que ya se está presto. Los músculos, las herramientas, las estrategias, pensamientos y deseos apuntan a lo mismo: el éxito, el placer.

Todo se ha concretado (consumado). Me incorporo para poner la chaqueta. Soy otro en el mismo. ¡Mierda, olvidé lavar los dientes!. ¡Puta, rompí el ritual!... - ¡Eso se hacía después de la ducha, güeon! -.

Máximo se incorporó dirigiéndose al baño. Realizó una extenuante limpieza dental. Tomó los pocos billetes que guardaba entre las páginas de unos de sus libros favoritos, "Nudo de víboras", recogió las llaves que colgaban de un cromado llavero que hacía juego con sus oscuras ropas y salió. ¿Esperaban un auto?. ¡Falso!, sólo micro. El felino se desplaza en sus pies, pide prestado aventones o simplemente los paga. Para nada concibe acudir a objetos extraños para conseguir sus objetivos. Es un cazador autómata, no requiere de armas que rompen con lo romántico del acto de seducir y capturar. (En el fondo era la excusa para no odiarse por estar sin movilización propia a una edad en que muchos ya los ostentaban. Maldita circunstancia).
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[1] Recuerden a Tony Manero gritando “Al-pa-cino, al-pa-cino…”. (En Fiebre de Sábado por la noche).
[2] Espacio dispuesto sólo para Dios o las fuerzas del universo… o lo que sea… ¡icrédulos!
[3] Lestat lo sabía. Creo que Marius se lo mencionó. Esto según Ann.
[4] A veces ficticio.
[5] Este… emmh… en fin, curao no vale.
El Solo... Años atrás...
Cuando aun éramos ingenuos...
Jóvenes sin conciencia...

3 comentarios:

Asrham Rayeuk dijo...

Muy buena historia, pero que te ha pasado ya no escribes mas?

magda dijo...

esta muy bueno tu blog

Leonardo dijo...

Hola.. Muy buena la historia.. bueno el blog no lo he terminado de leer por completo estoy en eso es entretenido para mi que me gusta la lectura... si quieres vicita mi blog soy de venezuela. salu2