Extracto del discurso del Matrimonio de mi amiga y hermana Claudia....
Amar es saber que mis convicciones
no son más importantes que las de mi compañero o compañera…
Amar es aceptar que muero de amor,
porque antes de permitirme fallecer sé que vivo en
ti…
Porque si vivo en otro(a) tengo la convicción que mis
fuerzas,
mis anhelos y mis virtudes
viven y vivirán más allá de lo que alcanza mi
brazo…
mi caricia…
Amar es tener la convicción que la turgencia de mi
cuerpo
no es más exquisita que nuestra futura flacidez,
aquella en la que, con el tiempo,
confluirán
todas nuestras expectativas de persona.
Amar es saber que simplemente cuento contigo,
cuento los días y cuento los sueños para entender
que siempre,
después de la suma, más allá del resultado o de
toda lógica matemática...
¡estás!... ¡estuviste!
Para sostenerme, para besarme, para sentirme ….
Para entregarme y entregarte todo lo que soy en
esencia:
“Sólo la sumatoria de todo aquello que te hará feliz,
por momentos… por instancias, por
complicidades….
y, mejor aún, por siempre…”
Porque no hay nada más hermoso, más perfecto,
que dos personas se encuentren y compartan sus
imperfecciones,
sus odiosidades...
"las molestias que se irán sumando y apareciendo con el tiempo…"
y que después de todo aquello, se miren,
en un espacio construido por ambos, en silencio,
a media luz.
Y, así, rocen sus cuerpos, acercándose lentamente,
junten sus miradas y con estos sus labios,
para, simplemente, besarse,
sin palabras que medien lo que realmente existe
entre ambos:
amor… pero amor del bueno...
Aquel que sabe a miel y sal...
aquel que construyeron con lágrimas y con risas….
Aquel que los reúne nuevamente, en un acto de
paciencia,
de perdón, de felicidad e, insisto, de amor del bueno…
Después de esto, sólo quedarán los ocres de un
hermoso arrebol,
que augurará los siguientes días, los años y las
arrugas.
Sólo el placer máximo de saber que en una vida vivieron
dos…
Y, de esta manera, manifestarle al mundo entero que amaron…
se amaron…
¡Hasta la próxima vida cuando sean cisnes!...
Y nunca olviden
que antes de ser esposos, antes que todo, fueron novios… locos, enfermos de
amor... de lujuria cómplice.

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